Sale Ravi, entra Rojas (de cómo Cambiemos acaba de perder las elecciones 2019)

Por El Gurí Salado

¿Sabés donde estamos? En los cuartos de final del Mundial. Argentina juega contra el local. Justo en el comienzo del segundo tiempo clavó un cabezazo Ayala que los llenó de esperanzas. La selección está controlando el partido y su opositora, antigua campeona no se levanta. El DT se ve en Semifinales. Pero nada es fácil y menos en Argentina. Promediando el segundo tiempo Macri declara “Veníamos bien y pasaron cosas”. En el Minuto 69 se quedan sin arquero. Un golpe del mercado Alemán hizo que salga Abondanzieri (O Sturzzenegger, ya no recuerdo) y nuestras reservas tocan fondo. Algunos empiezan a pedir mano dura. Se necesita un Franco y entra Leo. Es cierto, cuando “pasan cosas” uno puede haberlas previsto o no, pero no puede evitarlas. Tiene que actuar en consecuencia. Ante el fastidio de los propios y el embale de los otros, Mauricio un sólo minuto después mete otro cambio y saca a Riquelme por Cambiasso.

¿Es el Cuchu Cambiasso todo lo que está mal en el mundo? No, de hecho es de fierro y rindió bastante. Pero para la patria futbolera, sacar al diez fue renunciar a soñar con una estrategia propia para resignarse a aguantar hasta el final del partido (Y del gobierno), como sea.

Cambiemos metió en las últimas semanas a su propio Cambiasso, llamado Rojas. Y no hablamos de Angel Clemente. En este agosto del 2018, a los setenta minutos de un partido que creía ganado y se le complicó, Macri sacó a Ravi Shankar y su arte de respirar para meter a Isaac Francisco, el Rojitas de la fusiladora.

Pará, pará. No te enojés. No me digás que siempre fueron gorilas. Porque AHÍ es donde la cagamos. Uno de los grandes problemas que tuvimos en la última década es que no entendimos al fenómeno del PRO y su envase electoral Cambiemos. Los acusamos de ser la dictadura, de ser el menemismo, de ser el gorilismo y de toda otra comparación con nuestra historia que se nos ocurra. Sin embargo el partido a la carta de Macri nos hacía el ooooole y se mostró como algo distinto: Pragmático, camaleónico, alejado de las consignas tradicionales de la derecha oligárquica y teniendo sueños húmedos con el obamismo. Mientras más lo denunciábamos por ser la derecha antipueblo, más descolocados quedábamos. Metrobus, Plan Sarmiento, “Vivir mejor”, Bicicletas, Ecología y sororidad lospenatense nos hicieron mear fuera del tarro. Nosotros SABÍAMOS quienes eran. Pero ellos meta coaching, meta guión y meta Duran Barba crecían por otro lado.

 El ¿gran? cambio   

El ¿gran? cambio

 

¿Tenían componentes gorilas? OBVIO! Mauricio es Macri, pero MUCHO MÁS es Blanco Villegas, por parte de Madre. Franco es un tano rosquero y bruto para Mauricio y sus amigos. ¿¿¿Entonces???? Qué decís, Gurí… ¿ERAN O NO ERAN GORILAS? Lo eran en el ADN pero no en el discurso ni el concepto. Eran, para una gran mayoría que los terminó votando, una solución racional y sin estridencias luego de años de parlantes populista con el volumen al taco.

Pero “pasaron cosas”. Y esas cosas están relacionadas con el desastre monumental de la economía que tuvieron. Al principio contaron con el changüí que se le da al debutante. Luego comenzaron a usar el comodín que todo gobierno que se precie de serlo tiene detrás del cristal para casos de urgencia: La pesada herencia. Sin embargo lapesadaherencia tiene un límite. Sobre todo si la gran base de tus votantes te creyó que solucionar la inflación era lo más simple que ibas a resolver. Desde el gol de Ayala en las elecciones de mitad de mandato, El PRO perdió la iniciativa política (Fue rebasado en diciembre con cacerolas y marchas multitudinarias contra la reforma previsional), económica (El acuerdo con el FMI no sólo no trajo alivio, sino que aceleró el miedo) y social (Si bien el debate del aborto salió de Macri como forma de mostrar ese costado moderno y new age, terminó pagando costos altísimos y peleas internas con una mayoría que votó en contra).

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Dentro del gobierno tenían una carta más. Si lapesadaherencia es una manguera de incendios detrás del cristal, el cuadernogate es la bala de plata que nos da la última chance de matar al hombre lobo. Claro que las balas de plata se guardan hasta el final por un motivo: suelen ser imprevisibles y salen para cualquier lado.

Cuando estés abrumado, cuando pienses que se nos vienen encima o que NOVUELVENMAS recordá algo que de tan simple se nos pasa de largo: HACE OCHO MESES QUE TENÍAN ESOS CUADERNOS Y LOS GUARDABAN PARA MÁS ADELANTE.  Que la operación se haya largado en Agosto de 2018 y no en Mayo siguiente a 3 meses de las elecciones presidenciales habla de cuan cerca está el lobo del pecho del gobierno.  No dan mas. No tenían más margen.

 

Las discusiones acerca de si salir o no a instalarlo fueron enormes en la mesa chica. El sector Ravi Shankar argumentaba que si empezaban a tirar del hilo de los empresarios, muy pronto se llegaría al Presidente y sus íntimos. Que nada garantizaba que quede contenido a los kukas kakas. Que se generaría un remolino que no respetaría estrategia alguna. Y sabés qué? Tenían razón. La bala fue disparada, Román salió por el Cuchu y ya  nada volverá a ser lo que era.

 

Adiós al Metrobus y a los globos. Adiós al marketing de colores y alegría. Adiós al pañuelo verde, hola a perjudicar a millones de mujeres con su jubilación. Cambiemos entró en estas semanas en el minuto 70 con sabor a 55: Bustos destrozados, búsqueda de bóvedas mágicas, aberraciones del sistema judicial e indignados enfervorizados colgando de las rejas del Congreso marcan la entrada de lleno en el gorilismo explícito de la gestión Macri.

El cuento ya lo conocemos, ya lo vivimos. Y si no lo conoces preguntale a tu viejo, a tu abuela: La corrupción como motor de la indignación y el profundo odio que nos tienen. El miedo que les dan nuestros símbolos populares. ¿NO VES QUE ES EL MISMO GUIÓN QUE EL 55 y el 76? Te pone mal que revienten un busto de Néstor? Sus antepasados se robaron el cadaver de Evita!!! Lee a Walsh, lee “Esa Mujer” para entender el cagazo que nos tienen. A la misma persecución y generación de mitos escabrosos, le tenemos que contestar con la misma semilla que hizo resurgir siempre al peronismo.

Que te quede claro: Así como nadie hizo más para volver a darle vida discursivamente a una derecha que reivindique o minimice los crímenes de la dictadura como el kirchnerismo, nada hará más y mejor para recuperar la épica peronista que este neocincuentaycinquismo. Como leí ayer en whatsapp: “Si siguen sacando bustos y nombres a plazas y calles lo único que van a conseguir es que armemos altares en nuestras casas, no saben lo peligroso que es querer quitarnos los símbolos”.

El margen para Cambiemos se reduce día a día de manera vertiginosa. Desde adentro del quilombo parece que los que no sabemos para donde ir somos nosotros, pero la bala de plata es darle forma a un embudo electoral que los lleva a la parte más angosta. Aquellos que vemos indignados (o más aún, ya que la indignación no alcanza para explicar tanta ira) no son el núcleo central del voto PRO. Los indignados que llenaron la esquina del Congreso y las redes, aquellos que dicen preferir comer arroz seis años más a que vuelva el peronismo, aquellos que siguen a Carrio como si fuese la profeta e idolatran a Casero, son una minoría que no supera el 20%.

Siempre nos odiaron. Siempre. A Perón, a Menem, a Kirchner, a vos, a mi y al que quiera venir. Aunque nos peinemos, perfumemos y queramos parecer amigables, si venís del peronismo ese 20% te va a odiar. Aunque te pongas felpudo como algunos de los “dialoguistas racionales” TE VAN A ODIAR. Ese 20% es voto seguro gorila y estuvo en el radicalismo, la ucede e incluso en algún injerto socialista. Pero ese 20% no gana elecciones. Es cómodo porque lo tenés siempre. Como Scioli tuvo el 20% progre que lo votó tapándose la nariz sólo para que no gane Macri. Pero lo que gana elecciones en Argentina hoy, ayer y hace décadas es esa inmensa clase media que lo único que desea es que le vaya razonablemente bien y que no le hinchen demasiado los huevos.

Ese voto lo supo interpretar Perón del 73, Alfonsín, Menem, De la Rua, Cristina en el 2011 y Macri. No es casual que todos los nombrados hayan sido elegidos presidentes. Cuando ese voto fue para el peronismo, fue buscando vivir bien. Cuando ese voto fue para el anti peronismo fue para vivir tranquilos. Desde 1983 vivimos una inédita democracia de 35 años. Ocho elecciones presidenciales en donde en 4 buscamos vivir mejor y en 3 vivir tranquilos. Luego del quilombo peronista de los setenta buscamos tranquilidad y paz con Alfonsín hasta que se vino abajo la economía. Después del exceso menemista buscamos tranquilidad con De la Rúa y (Sacando el 2003 que no resiste análisis porque estaba todo el licuado mezclado y si bien podemos decir que buscamos vivir mejor, cinco candidatos fragmentaron todo) luego del parlante constante de los doce años, muchísimos buscaron vivir más tranquilos con los CEOs de la lógica.

El PRO pierde entonces su bandera más preciada. La tranquilidad. La “hagamoslascosascomosehacenentodoslospaísesdelmundo” y se quedan con la “NOVUELVENMASHIJOSDEPUTAOJALASEMUERANENLACARCEL” que, no sólo no garantiza el triunfo, sino que aleja despavorida a esa clase media tan nuestra, tan prostituta y tan argentina que te gana los partidos.

Para el que no lo recuerde, la selección recibió el empate en el minuto 80 y aguantó el alargue. El partido fue a balotaje y se definió por penales. Paradójicamente, Ayala (El que los había puesto en ventaja) y Cambiasso (El Cambio nefasto) erraron y no hubo reelección. Quedan 20 minutos, olvídate de los bolsos, los cuadernos y los tóxicos en los allanamientos que son el Cuchu Cambiasso. Vamos a cabecear que ese Franco es de madera, estamos jugando de local y a esa defensa le tiemblan las piernas porque lo saben muy pero muy bien: el fútbol es ese juego simple donde juegan 11 contra 11 y siempre gana el peronismo.

Mariana Moyano