Los cuarenti, los treinti... ¿la grieta?

Primero hay que saber perder, después perder, después perder y al fin andar con pensamiento

Por Mariano Feuer 

Entre las múltiples charlas, conferencias, cursos y capacitaciones que doy tengo un especial cariño por las “deonda” o pro bono como dicen los abogados. Son las que doy a espacios que se que no pueden pagar y a la vez producen un efecto transformador inmediato en sus voluntarios. Dentro de ellas, disfruto mucho las que les doy a grupos de militantes (No, dirigentes, ustedes no. Ustedes pagan.). La semana pasada les di una charla sobre comunicación y panorama político a la militancia de NE Comuna 2 y pude sintetizar ahí mismo el gran desajuste que está sufriendo la militancia popular. Les pasó algo excepcional y que se aleja de lo posible: nunca perdieron. Algunos pensamientos al aire que pueden servirle a quien milita y construye el campo popular.

Empecemos por lo obvio. Yo no soy militante político. Soy un profesional de la comunicación que trabaja, entre otras áreas en comunicación política. Muchos militantes nos ven como mercenarios, ya que cambiamos de camiseta más que Pato Bullrich. Sin embargo nuestro compromiso es profesional y es darle el debido proceso comunicacional a cada político u organismo. Eso no implica que no tenga opiniones personales y que no las vuelque en las redes. Ellos compran mi discurso para ellos, no para mi cuenta.

No soy militante político pero si lo fui. Milité en diversos ámbitos del campo popular entre mis 12 y mis 25 años. 13 años de reuniones, marchas, reuniones, proyectos, reuniones, trabajo en el barrio, reuniones, participación en Consejo Superior de la UBA, reuniones y más reuniones. De esos años me quedaron amigos, compañeros y enseñanzas. Una de las enseñanzas más importantes fue la que me dijo Verito Gimenez luego de un escrutinio perdido en 1994: “Mariano, la política es militar para ganar, sabiendo que lo más probable es que pierdas”.

Y perdí siempre. Perdimos siempre. No me alcanzó haber ganado el Centro de Sociales de la UBA a la Franja Morada. No me alcanzó formar parte de la construcción del FG y luego el FREPASO. De 1986 a 1999 nunca pude vivir en un país, ni siquiera una ciudad que sea nacional, progresista y popular. Y digo 1999 porque dejé de militar antes de la campaña de De la Rua. Pero eso se extendió hasta el 2002. De 1973 a 2003 no hubo un sólo año de gobierno popular. ¿Querés más? De los últimos 120 años de política argentina, sólo un cuarto (siendo buenos) fueron de gobiernos que buscaron redistribuir el ingreso y hacer crecer a las clases populares.

3 de cada 4 perdimos. Es fuerte, ¿no? Sobre todo viniendo de 13 años continuados en donde la política no sólo se discutió, sino que se ganó. Eso rompe cualquier estadística y da una impresión inexistente: No somos Boca o River. Somos Argentinos Juniors o Estudiantes. Equipos que eventualmente ganaron cosas importantísimas pero sufrieron las hieles de los descensos y las estadías prolongadas en la mitad de tabla.

¿Cómo hacerle entender a un pibe de 24, que nació a la política en pleno nestorismo, con la infancia marcada por el 2001 que perder no es un error técnico y vamosavolveravolvervamosavolver rápido?

¿Cómo explicarle que las cartas no vienen buenas y que a veces hay que hacer milagros con un dos, una sota y un seis?

Volver al futuro
No eran fácil los ´90 para ser peronista. O te pensaban menemista liberal o te miraban con cara de asco. Los peronistas de izquierda, ese eufemismo que muchos combaten pero que nos define con precisión éramos parias en todos lados. En la política nacional nos habían reducido a la nada misma: una parte del grupo de los 8, un pedazo de ATE y pará de contar. En la universidad éramos sodomizados por la Franja Morada de todas las maneras posibles. No sólo en votos sino en la afamada batalla cultural. Si ellos eran la vida y la paz, para nosotros quedaba la muerte y el terror. Hasta las cosas lindas habíamos perdido.

¡Y no sólo eso! ¡Habíamos perdido hasta el nombre! ¿Montoneros? ¿La Tendencia? olvídense! era pecado mortal solo mencionarlo. La JP? Perdida y conquistada por el menemismo. De hecho el sello lo tenía Cristian Ritondo, así que imaginen.

Y en ámbitos como la Universidad, el peronismo del tipo que sea era condenarse al 2% de los votos. Había dos opciones: Ignorar la realidad y vamosavolverearla toda o salir a construir una alternativa a como de lugar. Y si: Nos disfrazamos de progres. Mejor dicho, peronizamos el progresismo. Y nos pusimos el Chacho e incluso alguna vez (Ay), ¡Tuvimos que Gracielarla!

En la militancia, cuando nos preguntaban, decíamos que veníamos de muchos espacios, muchas experiencias y recorridos cuando no había uno sólo que no tenía la foto de Evita en la billetera. Pegábamos carteles de Ibarra pero en nuestro local teníamos al Germán que nunca llegó a ser y tanto nos guió. Y salíamos a fiscalizar por Zaffaroni pero cuando había escrutinio, nos mamábamos y salía la marcha con los dedos en V y los dientes apretados.

Y no era facil, pendejo. Claro que no era fácil. Pero sabés qué? Le ganamos a la Franja y el statu quo en la UBA. Y metimos victorias en CABA. Y mantuvimos en una época del gorilaje progre del FREPASO y el peronismo oligarca de Menem la llama que luego permitió estos 12 años que tanto disfrutaste.

Mentores
Tan desesperados estábamos de recuperar una tradición histórica que leíamos lo que encontrábamos. Ibamos a charlas de compañeros mayores, preguntábamos, buscábamos.

Y ahí estaban ellos. Cacho El Kadri, Guri Salinas, Sebastián Borro, Bernetti y Adriana o Coco Blaustein entre otros. Nos contaban de las plazas llenas. De la resistencia, de perder, perder y perder. Y cuando te cansabas de perder, seguir perdiendo para transformar la historia. Algunos murieron, otros por suerte están. Pero ya no es el tiempo de ellos para ser mentores, para contarles a los más jóvenes como se milita en las bravas.

El Gurí

Luis Salinas, el Gurí fue muchas cosas y además, mi profesor de taller de literatura a los 1o años. Recién había salido de la cárcel y Silvia Schujer lo invitó a dar un taller en la UTPBA. Fue el primero que me dijo que las cosas que tenía para decir, valían la pena y que las escribiera. Al costado pueden ver mi primer cuento publicado. Él dijo que lo sorteó pero me guiñó el ojo. Hablame del orgullo que guardé 30 años…

El final de Cazadores de utopías siempre me hizo llorar. Habla Gurí, mi mentor, en un sol de la tarde. Ya no cuenta de las torturas ni de su habilidad cuentera para zafar de delatar inventando historias. Habla de su tiempo. De su tiempo que ya pasó. Y que ese tiempo iba a volver, pero no iba a ser protagonista. Gurí murió en el 2007, once años después de esa escena. Y sé que estaba orgulloso de haber acompañado a los más jóvenes.

El curioso paso del tiempo hace que en un momento te das cuenta que tenés la edad que tenía aquel que te parecía viejo a los 20. Tengo 42 años. Ay. Como Gurí en Cazadores. Y no sé si quieren o no escucharnos. Pero tenemos cosas para contarles acerca de la derrota. Acerca de ser menos, per0 más inteligentes. Acerca de no enojarse nunca con el pueblo, aunque lo sientas rivotrileado hasta las orejas. Acerca de no ser soberbio, de escucharlos y contenerlos. Acerca de nuestros errores, claro. Fuimos fatales. Pero fuimos. Y si querés que la siguiente generación disfrute tus alegrías, vení, charlemos. Que el camino es largo y la noche es nuestra.

Mariana Moyano