100 días de un gobierno que estremecieron mi mundo

21 fue la mínima en Capital y alrededores y la máxima superó los 30. Eso marcó el termómetro, aunque la térmica estuvo un poquito más alta. Las dos sensaciones del pasado 1 de enero de 2016, la del organismo individual y la del cuerpo colectivo fueron más elevadas.

 

Empezaba el año calendario, aunque a mí me gusta medir las etapas a lo Eric Hosbawn, con temporalidades que no necesariamente van de la mano del almanaque. Este brillante historiador nacido en Egipto, pero que la cultura ubicará en el marxismo británico, nos explicó que el XX fue de los siglos cortos; que comenzó con la Revolución Rusa de 1917 y que se apagó con la caída de la URSS, cuya piedra angular fue el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Como los almanaques y los calendarios son, justamente, convenciones sociales y culturales y tomarlas como fenómenos naturales y dados nos suele meter en problemas de compresión de la real gravedad de los acontecimientos, sigamos a Hobsbawn y digamos que la nueva era, el nuevo año, se inició el mismísimo 23 de noviembre, es decir, la jornada posterior al triunfo de Mauricio Macri. Y digamos, también, que implica algo mucho más poderoso que la llegada de un nuevo Presidente a la Casa Rosada.

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Este arribo a la Casa de Gobierno es un (en disputa por ahora) cambio de paradigma fenomenal de la Argentina que se abrió formal e institucionalmente el 10 diciembre. Son los –y ya que vino Hobsbawn, pues que también se acerque John Reed- 100 días que estremecieron mi mundo.

 

Ni 24 horas esperó el diario La Nación para hacernos saber que las cosas habían cambiado. Y en serio. “No más venganza”, titularon la nota editorial, la que va sin firma, la que es de ellos, de los del poder en serio. “La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos”, dispararon para arrancar. Y para arrasar.

 

“Un día después de que la ciudadanía votara un nuevo gobierno, las ansias de venganza deben quedar sepultadas de una vez para siempre (…) Ha llegado la hora de poner las cosas en su lugar. Debatir que quienes sembraron la anarquía en el país y destruyeron vidas y bienes no pueden gozar por más tiempo de un reconocimiento histórico cuya gestación se fundó en la necesidad práctica de los Kirchner de contar en 2003 con alguna bandera de contenido emocional (…) Hay dos cuestiones urgentes por resolver. Una es el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad. (…) Y esto constituye una verdadera vergüenza nacional. (…) De modo paralelo, han continuado actos de persecución contra magistrados judiciales en actividad o retiro”, como el juez federal de Mar del Plata Pedro Hooft y el juez Néstor Montezanti. Dos casos a los que el centenario diario expone como de persecución, pese a que en las historias de estos personajes lo que más se ve son son sus vínculos con los dictadores y con los miembros de la Triple A.

 

“Siempre será indispensable construir a partir de la verdad completa, apaciguar y no agotar la búsqueda de todos los medios necesarios para que se cumpla la imploración del Papa Francisco de que todas las herramientas de la ley se activen para evitar cualquier tipo de venganza y curar las heridas", aunque "sin dejar de mirar las cicatrices, como (el pontífice) bien aportó”, finalizaba el texto de La Nación. Así. Terminaba con esta cita de un Papa al que poco tiempo después vilipendiarían por el apoyo evidente a la primera presa política sin proceso judicial regular del régimen macrista y por la explícita molestia del jefe de la fe católica con los lineamientos del Presidente Macri.

Una va olvidando. O mejor dicho, una capa de indignación, molestia y dolor va re cubriendo la siguiente. Y se crea así una especie una gran mamushka informativa, frente a la que una no sabe si la trascendencia está en el tamaño, en lo que se ve a primera vista o en lo que está en el nudo: ese centro que, aunque sea la pieza más pequeña, termina siendo el eje.

 

Con ese ritmo vertiginoso que le imprime a la realidad la lógica de propaganda del nuevo gobierno, los acontecimientos se suceden, se ocultan, se escurren o quedan en primer plano. Y no sabemos si confiar en lo que vemos o si agradecerle a Dios por no creer lo que se oye.

 

En este terreno –o escenario, según la semántica que cada uno quiera darle a su prisma- un chat entre un (falso opo)oficialista Diego Bossio y el jefe de la bancada de diputados PRO -a la sazón sobrino de uno de los civiles más comprometidos ,y si el Poder Judicial no fuera partido, más complicado con la dictadura- Nicolás Massot atraviesa la Argentina en el momento de contraer la deuda más inmensa que haya tomado un país en vías de desarrollo desde 1996 y que pone en jaque a las siguientes cuatro generaciones de habitantes de esta tierra.

 

Un chat, el sanguchito como mote y esos tres mates fríos ocupan lugar. Veo ante mis ojos, llorosos, cómo desfilan una a una situaciones indignantes, otras ridículas, muchas de frivolización y varias dolorosas, pero que rivotrilizan el nudo: que los nietos y quizás bisnietos de mi hija de apenas 5 años quedarán empantanados por el modo de rendición incondicional que este gobierno quiere instalar como negociación con los fondos buitres.

 

Se ve a los 165 y casi no a los 86. Se ve a los lejos al Senado de la Nación. Y una no quiere, pero ve, como describe Marcelo Figueras en El rey de los espinos, "campeones de la gente que en realidad eran campeones de sí mismos".

 

Y ve a un gobierno nacional que en apenas 100 días liberó el dólar bajo el slogan de que “cualquier ciudadano podrá comprar hasta 2 millones de dólares”, que designó por decreto a dos jueces, nada menos, que para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que quitó y bajó retenciones al agro y a la minería y que puso al frente del Banco Central a Federico Sturzenegger, un procesado por el megacanje de 2001, movida financiera que le puso, precisamente, el arma con la cual los buitres hoy apuntan a la sien de la Patria. 

 

Un gobierno que descabeza la Unidad de Información Financiera y la Oficina Anticorrupción para colocar en la cima de uno de los organismos a dos representantes de entidades sancionadas por esa UIF por haber lavado activos: María Eugenia Talerico y Mariano Federice, del HSBC y Mas Ventas S.A.. Y a la cabeza del otro, a Laura Alonso, una representante de la ONG del buitre Paul Singer y para quien deben –por DNU, el mecanismo institucional preferido del Presidente Macri- modificar la regulación para que ella pueda quedar a cargo del organismo.

 

Un gobierno, que con esta ex diputada como propaladora de las barbaridades contra el anterior, no se sonroja cuando ella protagoniza el papelón más risueño, si no fuera grave: cuando confiesa que en el pasado periodo presidencial había pedido el levantamiento del secreto comercial del acuerdo entre YPF y Chevron porque “no estaba lo suficientemente informada”, pero que ahora no considera la publicidad de esta información algo ni necesario ni urgente. La misma ex legisladora nacional con cuyo circo embarraron toda la causa Nisman para ver si logran el único objetivo que siempre tuvieron: llevar a Cristina Fernández de Kirchner a Comodoro Py. Y a como dé lugar.

 

El mismo gobierno que designó a Luis María Blaquier, miembro del grupo Clarín, a cargo del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES; el que despidió a 55 mil trabajadores del Estado y que lleva como cucarda neoliberal y conservadora la cifra de 110 mil echados en apenas 90 días en todas las áreas de la producción; el que habló a través del su ministro de Finanzas de la “grasa militante” para referirse a las personas que participan en política, el que generó las condiciones para que se redujera el personal en Cerámica San Lorenzo, las autopartistas, Kevingston, Siderar, ORSNA y el área de gráficos del diario La Nación.

 

El gobierno que prepara y celebra las condiciones para los despidos de la dirección de la mujer en Neuquén, que desmantela los Programas de Salud Sexual y Conectar Igualdad y que pone en punto muerto a la campaña nacional contra el dengue y el zika y justo cuando la epidemia es la mayor desde 2009; el que echa a 350 especialistas de ARSAR, otros del Registro Nacional de las Personas, más del Ministerio de Cultura y el que a través de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires suspende las paritarias por decreto y manda a la calle a 4500 trabajadores de la ciudad de La Plata.

 

El que, en línea con el diario especialista en pliegos de condiciones, desmantela las áreas de Derechos Humanos de los ministerios de Defensa, Seguridad, de la Comisión Nacional de Valores y del Banco Central (donde están los datos del asesinato financiero y económico de la dictadura del 76) y que destruye el Programa de Verdad y Justicia del Ministerio de Justicia de la Nación, área de la que borran –literalmente- a la agencia de noticias InfoJus, desde la cual se miraba al Poder Judicial desde un sitio no cómplice.

 

El gobierno bajo el cual, en apenas días, la carne subió 14,2 %, el pan y los cereales, 3,6; la leche y los lácteos 2,7; las frutas, 4,7; el agua y las bebidas, 2,7; 17% los celulares y los medicamentos, 6,7. El gobierno que hace subir estos precios justo cuando la inflación venía en baja y que logra que se dispare un 3,9%.

 

El gobierno que llegó batiendo el parche por los aumentos de los precios y con la indignación por las estadísticas oficiales en la punta de la lengua y que cuando asumeanuncia que no está en condiciones de medir. Justo, justito, no puede hacerlo cuando hay que discutir las paritarias. O sea, todos a ciegas y encandilados con las luces de frente del no saber.

 

El gobierno con el cual el tarifazo en las boletas de electricidad llegó a 700% con un ministro del área que explica la situación con un “es lo que hay”, esa misma naturalización y presentación de la catástrofe de la decisión política como fenómeno climático inevitable. Y esto no es otra cosa que el nuevo mecanismo elegido por los medios de comunicación que imponen relato: sumar a la completa invisibilización de algunos temas, la presentación en primera plana de otros que son instalados ya no como mala noticia sino como única posibilidad. Esto es lo nuevo. Esta es la nueva forma de anestesia cerebral. El tapar, por un lado y el mostrar de más, por el otro. El nuevo método, el del periodismo clonazepam.

 

Es el gobierno que elimina del Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación, o sea la –diría un ministro dañino como pocos- la liberación de las fuerzas productivas, lo que es lo mismo que decir, un disparo al alma de la industria nacional. El gobierno que establece un bono de fin de año de 400 pesos (cien menos que el del cierre de 2014), que quita los subsidios a los servicios, que permite aumentos de 35% en los alquileres y que las inmobiliarias cobren dos meses de comisión, que virtualmente desmantela el Plan Fines al entregarlo sin fondos a los municipios –o sea, enviarlo a la buena de Dios-, mientras elimina las alícuotas a los vehículos de alta gama. El que hace que 110 mil jubilados pasen a pagar ganancias, que licencia el UIO para tratamiento oncológico investigado gracias a la inversión del Estado Nacional a Unleash Inmuno Oncolytion, o sea regalar lo que pagamos todos a un privado; el que deja a 250 mil usuarios sin luz por más de una semana mientras anuncia el aumento brutal de tarifas sin ni un chas chas a las distribuidoras que desde hace décadas se cansan de llevarse todo e invertir nada. El gobierno que obliga al instituto Leloir a pasar de pagar 55000 pesos de electricidad a desembolsar 300 mil, algo muy parecido a estrangular a la entidad científica; el que hace que ya estemos un punto por debajo del PBI que el año pasado y que sin inmutarse llevó adelante una devaluación de 60 por ciento. 

 

Un gobierno bajo el cual se vivieron las peores temporadas vacacionales de Mar del Plata y Carlos Paz y en cuyos primeros días se logró la venta de 0KM más baja de la última década.

 

El gobierno que en 3 días firma 39 DNU contra los 13 de Cristina Fernández en 8 años y que vía ese sopapo a la vida republicana se carga la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la AFSCA, la AFTIC, se burla de sentencias judiciales que validan las leyes, crea un organismo de nombre ENACOM, le regala Nextel, Telecom, y el futbol a Clarín y pone al frente de este organismo a un autoritario y bastante ignorante que descubre en 2016 la existencia de internet, de los correos electrónicos y del envío de datos vía web.

 

Un gobierno que con la quita de retenciones al sector agropecuario, hace que el Estado vaya a desfinanciarse en 2016 en 60 mil millones de pesos, lo que es igual a decir que esa fracción de la sociedad se queda con todita esa plata. El mismo gobierno que, gracias a sus decisiones políticas, logra el insólito mérito de que por primera vez la deuda del Banco Central supere la base monetaria, el que destroza el área de investigaciones de Fabricaciones Militares y el que dicta la Emergencia en Seguridad para poder derribar, disparar y reprimir y comprar sin licitar y que propone un protocolo de seguridad que desata los deseos del costado más autoritario de las fuerzas de seguridad para que puedan derribar, disparar y reprimir.

 

El gobierno con cuya determinación habilita: a la Gendarmería para que no tenga miramientos en balear a nenes en el barrio Illia de la 1-11-14, cuyo delito era practicar los pasos murgueros de los Auténticos Reyes del Ritmo; a la bonaerense para que les dé directo a la espalda de los despedidos de La Plata; a la Federal para que palo, golpe y bala sea la interlocución con los trabajadores de Cresta Roja y para que intente impedir la ronda que las Madres hacen en la pirámide de Mayo desde hace 37 años; a la metropolitana para que lleguen al absurdo de multarlas por usar SU Plaza y a los tortugas de la infantería para que les peguen a los manifestantes que se reunieron frente al Ministerio de Educación, mientras el titular de esa cartera –el que había dicho vía twitter que iba a combatir el narcotráfico con diálogo y consenso- da la orden de cerrar las puertas para que los trabajadores no puedan sumarse a la protesta, es decir, mientras se ejecuta la privación ilegal de la libertad.

 

El gobierno que incrementa la planta política en un 22% y que permite que varios de los funcionarios se aumenten sus sueldos casi 200 por ciento. El gobierno que nombra a la hermana de Máxima Zorreguieta como Directora de Despacho y Mesa de Entradas de la Dirección General de Administración de La Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de Coordinacion de Politicas Sociales de la Presidencia de la Nación; a Carla Piccolomini (esposa del Ministro de Modernización Andrés Ibarra) en RTA; a María Cecilia Loccisano (cónyuge del Ministro Jorge Triacca) como coordinadora de la Unidad de Financiamiento Internacional del Ministerio de Salud; a la novia del Ministro de Cultura, Pablo Avelutto, Carolina Azzi, como coordinadora del área; a Josefina Rouillet (esposa del titular del Banco Central) como gerenta del Fondo de las Artes; al tío del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, como interventor en la AFTIC; al yerno de Aguad, Rodrigo Loreno, como presidente de ARSAT; al veterinario Amadeo Nicora, primo del Ministro Ricardo Buryaile, al frente del INTA; al hijo del titular de Turismo, Gustavo Santos, Matías como jefe de asesores del Ministerio; al hermano y al padre del flamante intendente Martiniano Molina en esa municipalidad y que la prima de Michetti, María Alejandra Illia, ascienda dos categorías en el Senado en paralelo con la lapicera de la vicepresidenta que ya iba por la firma del despido número 600.

 

El gobierno que auspicia que Jorge Macri, primo del presidente e intendente de Vicente López, sea nombrado presidente del Grupo BAPRO sin dejar su cargo en la localidad del conurbano norte, quizás porque, como dijo, él no puede vivir con menos de 80 mil pesos por mes.

 

El gobierno que no se cansa de este tipo de nombramientos. Según consignó el mismísimo diario La Nación “también trascendieron otros nombres y parentescos en las designaciones de Cambiemos en el poder. Marina Klemensiewicz, esposa de Iván Pavlovsky, vocero presidencial, es subsecretaria de Hábitat y Desarrollo Humano; Iván Kerr, primo del titular de la Anses, Emilio Basavilbaso, es subsecretario de Vivienda y Desarrollo Urbano; Enrique Pinedo, hermano de Federico Pinedo, fue designado director de Relaciones Institucionales del Senado; Lucas y Matías Cimadevilla, hijo y sobrino de Mario Cimadevilla, titular de la Unidad AMIA, figuran como empleados de diferentes senadores nacionales”.

 

Todo en el mismo gobierno cuyo ministro de Transporte nos vende el humo de llegar en bici a Casa de Gobierno pero que usa el helicóptero presidencial para ir a su country fuera de una actividad oficial y que llama a la titular de Aerolíneas Argentinas para que pasen a su familia a primera clase en un vuelo a Barcelona. Eso sí, nada de esto, de este gobierno, parece horrorizar al indignado emocional.

De todos modos, no sorprende porque entre lo público y lo privado, ni los Macri ni los Blanco Villegas hicieron demasiada diferenciación: se supo el 1 de marzo que Macri transfirió acciones de una transportadora de electricidad a una empresa de su familia, el 5,33% de la YALYLEC, que es la transportadora de energía que produce Yacyretá. Pero esto no es ni un accidente, ni una desprolijidad. La deuda que FIAT tenía por 170 millones de pesos terminó transformada en bonos del Estado que le permitieron a los Macri pagar el 10% de lo que debían originalmente. Y que -según un estudio de Eduardo Basualdo, Miguel Acevedo y Miguel Khavise- los Macri pasasen de 7 empresas en 1973 a 47 al fin de la dictadura, entre las que se cuentan SEVEL, SIDECO Americana, SOCMA y MANLIBA.

 

Estas jugadas empresariales, a los argentinos, nos terminan costando caras: importantes empresas controladas y/o vinculadas al grupo SIDECO Americana, Pluspetrol, SOCMA, Dragados y Obras, RSZA Priducciones, Iecsa y MANLIBA acumulaban endeudamientos en el exterior cercanos a los 180 millones de dólares, pero fueron transferidos a la sociedad a través de los seguros de cambio. Por aquellos días, Domingo Cavallo estaba en la Presidencia del Banco Central y el economista de Mauricio, Carlos Melconián, fue quien se ocupó de las cuestiones técnicas desde el Banco Central para que nos pasaran a todos los argentinos las deudas de los Macri-Blanco Villegas. Datitos, no más, para quienes quieren comprender quiénes son los se quedaron con la platita que pagamos como deuda externa y, sobre todo, para los tan preocupados por el qué se hace “con el dinero de mis impuestos”. Un accionar bien Macri y bien Blanco Villegas.

 

El de un gobierno que le quita el fútbol a las mayorías, que libera la importación de libros, que se lanza a los brazos de Microsoft, el Banco Mundial, el FMI, Davos y la Sociedad Rural, que le da la flota de aviones a Mc Air -empresa en con la que el propio Presidente tiene vínculos- y el que hace limpiezas energéticas, pierde y anuncia captura de prófugos antes de capturarlos. El del presidente que lee dos veces lo mismo en la inauguración de las sesiones ordinarias, que sostiene que pocos fueron a vivarlo porque lloviznaba y que no para de usar a su esposa e hija al mejor estilo Conway, el republicano de la cuarta temporada de House of Cards. El mismo presidente que se “confundió” y que juró mal: no prometió defender con patriotismo a su país.

 

El presidente que concede obras en Córdoba a su primo Calcaterra y a su amigo del Newman Nicolás Caputo, un afortunado que en 5 días ganó tres pre adjudicaciones por la módica suma de 300 millones. El mismo presidente que se fue de vacaciones a 10 días de haber asumido y que según el diario Clarín el llegar a la primera magistratura le hizo “padecer una pérdida de su propia vida”.

 

Y el presidente del gobierno que visita de modo igual de superficial a los inundados y a la ex ESMA y que luego de indicar que no tenía tiempo, recibe a Estela de Carlotto sólo porque la llegada del premier francés Francois Hollande lo colocaba –de no hacerlo- ante un papelón internacional de proporciones. Eso sí, es el que saluda a la titular de Abuelas con la mano izquierda en el bolsillo y el que cuando ella le habla mira para otro lado.

 

Bueno, es lógico, es el un Macri, un Macri Blanco Villegas.

 

Es el jefe de un gobierno que modifica el plan PROCREAR para que deje de ser accesible y que modifica el modo de entregas de los créditos, el que aumenta el precio de los peajes, el que extirpa de cuajo programaciones completas de radios junto con los conductores más críticos de su gestión, el que prohíbe periodistas en medios privados a través de la extorsión de la pauta.

 

El gobierno que otorga a un municipio como Avellaneda 7 millones de pesos para la culminación de obras, cuando al mismo mes del año pasado, esa localidad ya había recibido 75.

 

Y un gobierno cuya ministra de ministra de Seguridad en un día dio como muestra representativa de la aprobación del protocolo de seguridad los 633 mails recibidos en la casilla de correo de lacartera, un número que genera sorna porque, a decir verdad no es nada representativo: suelo recibir yo más mensajes de saludo por mi cumpleaños que eso.

 

El gobierno cuyo jefe del área de Comunicaciones se mete en un pantano similar al asegurar que que “en el futuro” se podrán enviar imágenes y hacer compras por Internet (algo que provocaría el suicidio en masa entre los de Amazon, Google, Microsoft y Apple) y el del encargado de la Modernización del Estado que no pudo brindar datos precisos y categóricos que justificaran un solo despido pero que aseguró que se acabará con la pobreza con “portales” en la red. Un gobierno que va a importar leche de Uruguay y que llevó el asado a un precio prohibitivo ya para los domingos familiares.

Y de fondo, en el centro, en el nudo, el debate sobre el endeudamiento de las próximas cuatro o cinco generaciones: cómo y cuánto se les paga a los buitres. Paul Singer compró parte de nuestra deuda por $48, 7 millones de dólares, litiga por 832 millones y con la propuesta de Macri, Sturzenegger, Caputo (Luis) y Prat Gay podrá llevarse el 1281% de rentabilidad. Porque para pagar esta deuda se emitirán 13,500 millones. 13 mil 500 millones para el 7% de todos los tomadores de deuda, cuando para el otro 93% se pagaron 30 mil. Además, como si esto no fuese lo suficientemente horroroso ya, la intención de este gobierno nacional es pagarles en efectivo, lo que implica endeudarse a través de la banca extranjera con entidades como HSBC, JP Morgan, BBVA, Deutsche Bank, Citigroup y UBS, organizaciones que se llevarán otros tantos millones.

 

Todo esto sumado a los más de 200 millones de dólares que el gobierno argentino acepta pagar a los abogados de los buitres por el litigio de la Fragata, juicio que ganó nuestro país y que, como en cualquier contienda judicial, paga quien pierde el pleito.

 

Todo se vuelve tan escandaloso que hasta la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sostiene que según los expertos “el acuerdo con los hold outs en Argentina hace más difícil la solución de las crisis de deuda”.

 

Quizás para algunos oídos en auge por estos nuevos tiempos, esas sean procedencias excesivamente liberales; de los liberal que en voz alta se nombran acentuando la “i”. PeroSergio Massa, Marcos Lavagna y el propio Luis Caputo no dan ninguna certeza, tampoco, de que el 93% que está cobrando no encuentre un Griesa en algún lugar del planeta que obligue a la Argentina a tener con ellos el mismo trato que con este 7%. El diputado Pro Daniel Lipovetzky dice que él “cree” que no va a haber juicios futuros perjudiciales para la Argentina y el periodista no militante Adrián Ventura sostiene que “se pueden iniciar juicios” pero que “los riesgos son mínimos”. Una no respira muy tranquila porque las creencias y los “mínimos” no van por el lado de chauchas y palitos sino de la posibilidad que la Argentina quede atada a pagar algo así como 500 mil millones de dólares, apenas cien mil millones menos que todo el PIB. Los bonistas italianos que entraron en los canjes de 2005 y 2010, de hecho, ya avisaron que reclamarán en Europa el mismo trato que a los buitres. Con lo cual lo del diputado que “cree” y del periodista que minimiza no serían una gran certeza

El mundo nos mira. El año pasado 136 países habían votado junto a la Argentina para que el planeta se diera una regulación frente al accionar de los buitres. Hoy, el Wall Street Journal dice abiertamente: “los fondos de cobertura le ganaron a la Argentina son osadía y persistencia” y el Financial Times, la publicación de temas financieros más importante del mundo, explica que el arreglo con los holdouts significará la mayor toma de deuda para los países en desarrollo desde 1996.

 

Y la cereza del postre del comentario internacional no vino de ningún periódico bolchevique, ni chavista, ni K, sino de la agencia de noticias financieras Bloomberg: "Wall Street tiene nuevamente viento a favor en la nueva Argentina". "Desde su triunfo en noviembre, el presidente Mauricio Macri, un ex empresario, ha llenado el Estado con empresarios, financistas, economistas y ejecutivos" (…) "no son sólo los alumnos de JPMorgan y Deutsche Bank (en alusión a Alfonso Prat-Gay y Luis Caputo) que dominan los puestos gubernamentales. Goldman Sachs Group Inc., Barclays Inc. y Morgan Stanley están representados también, con ex-integrantes en puestos claves en el Bancos Central y la agencia estatal de fondos de pensiones". Es correcto el análisis: el 75 por ciento del gabinete de este gobierno proviene de corporaciones y de mega emporios empresariales y financieros.

 

Y agrega Bloomberg: "Los términos del acuerdo (con los fondos buitre) que aún necesita de la aprobación del Congreso, han sido fuertemente criticados por los aliados del kirchnerismo como demasiado favorables para los acreedores internacionales, muchos de los cuales están posicionados para llevarse importantes ganancias de los bonos defaulteados.  Y allí se halla la principal vulnerabilidad en el camino elegido por Macri: la percepción de que este equipo formado en Wall Street es "demasiado cercano" o "está demasiado cómodo" con estos fondos".

Cuenta John Reed en su obra “Diez días que estremecieron al mundo” que Trotsky bramó en una asamblea: "Una nueva humanidad nace de esta guerra... Aquí, en esta sala, juramos ante los trabajadores de todos los países permanecer en nuestro puesto revolucionario. Si somos derrotados, moriremos defendiendo nuestra bandera...".

 

El Presidente de este gobierno no juró por trabajadores, y menos -obviamente- por su puesto revolucionario. Pero llamativamente tampoco lo hizo por el “patriotismo” que el juramento protocolar indica en la fórmula. Transcurrieron 100 días y conmovieron y estremecieron varios de nuestros mundos. Un poquitito más de tres meses y una se pregunta qué, quiénes y cuantos quedarán en pie. 

 
 

Mariana Moyano