Por Martiniano Cardoso

Por Martiniano Cardoso

Amo contar historias, en cualquier formato, cine, tele, prosa. Amo narrar historias de perdedores y de amores que nunca se concretaron. Amo viajar, amo perderme en la noche de ciudades como Santiago de Chile, Londres, Paris o Manchester. Amo encontrar pequeñas disquerías o librerías en esos lugares y quedarme horas y horas encontrando alguna joya que pensé que no existía. Amo llegar a Madrid y llorar cada vez que piso Barajas, porque es mi infancia. Amo Buenos Aires, amo su ruido, Palermo, Recoleta y el centro. Amo la cancha de Boca porque ahí están las cenizas de mi viejo. Cada vez que piso la Bombonera siento que estoy en mi casa. Amo la cultura rock. Es la banda de sonido de mi vida. Amo la literatura beatnik desde que leí En el Camino y Aullido, después de leerlos me tome un avión y me fui a hacer la ruta de Kerouac. Por eso amo los Estados Unidos. Amo las historias que suceden de noche y en invierno. Amo los libros de los escritores latinoamericanos que no pensaron a esa región como si fuese una tierra de palmeras y señoras con sombreros grandes de paja. Amo Mala Onda de Alberto Fuguet, Vivir Afuera de Fogwill y La Ciudad y Los Perros de Mario Vargas Llosa. Amo el cine de Scorcese, de Clint Eastwood, de Woody Allen, el de Antonioni, Visconti y tantos otros más. Amo el Peronismo, porque siento que es una extensión emocional de mi familia. Amo Pinamar, mi lugar en el mundo.

Odio el verano y los días soleados. Odio a la gente sonriendo en los parques haciendo “running”. Odio a los oficinistas de traje y corbata que tienen trabajos de 8 a 16. Son gente sin swing. Son la capa de la clase media aspiracional sin ningún rumbo. Odio crecer. Odio sentirme cada vez más grande. Odio no haber podido lograr tocar ningún instrumento tan bien como yo hubiese querido. Odio no haber podido llegar a jugar profesionalmente al Rugby. Odio la versión “Macondo” de América Latina. Odio a Isabel Allende, García Marquez, Benedetti y ese tipo de escritores. Siento que son un “validador” de una supuesta intelectualidad de ciertas personas. Libros para la playa. Y odio no tener ganas de salir a pelear la batalla para dar vuelta la historia. Odio que me haya ganado la apatía y el desgano.

Mariana Moyano